un lobo que muerde con letras


He leído pocas novelas de Antonio Lobo Antunes pero no me deja de sorprender. El inicio de sus novelas es poderoso pero tan lleno de metáforas que ahuyenta rápido a muchos. Además, luego, te das cuenta de que su manera de separar los diálogos y las distintas voces y tiempos es tan distinta que te confundes. Y lo dejas. Pero si te pones en plan terco y sigues… ¡uf! es vertiginoso, sólido, contundente.
Me gustan mucho sus frases y me enloquecen las metáforas que usa. Estoy en medio de un libro, uno de sus primeros, que se llama «Fado alejandrino» y no puedo detenerme. Son las metáforas, estoy seguro.

Por ejemplo: Saludó a señoras de edad que olían a frascos de perfume vacíos, a caballeros sosteniendo wiskies dobles como bastones postreros, dentaduras postizas que entrechocaban como los cubitos de hielo de las bebidas, cubitos de hielo que entrechocaban como dientes…
el principio del libro fue difícil pues me tuve que acostumbrar a su manera de narrar, a distinguir a un personaje de otro, a situarme de inmediato en distintos tiempos. Primero el pasado, la guerra, una conversación hoy, la infancia, etcétera. Es un ir y venir que nos e detiene nunca y que no parece tener pies ni cabeza. Pero de pronto, en una página, te das cuenta de que estás haciendo pausas donde no las marcan los signos de puntuación ni nadie meas que el ritmo de ese viejo lobo que te está llevando, a horcajadas, por el territorio de la amistad, las ilusiones perdidas, la frustración, el silencio, los errores en la vida y las pequeñas tragedias que suceden todos los días. Me encanta. Me recuerda mucho a otro libro que también me mantuvo confundido durante las primeras páginas y luego no lo pude dejar: conversación de la catedral de Vargas Llosa. De hecho las dos novelas se parecen mucho pues en ambas se trata de una conversación que sucede en el presente y a través de la cual se recosntruyen las vidas de los platicadores. Pero lo más parecido de ambas novelas es que las dos son del orden de las seiscientas páginas lo que, si te gusta la novela, es un delicioso placer.

tristeza

Hay veces en que la tristeza se quiere apoderar de mí y se va metiendo, en silencio, por todos los poros de mi piel como una especie de sudor en reversa. No la noto, hasta que ya está completamente instalada y no me queda otra opción más que rendirme a ella y dejar que se proclame dueña, soberana de mi cuerpo, de las sensaciones, de los gestos y hasta del más pequeño e ínfimo de mis movimientos.
Es como si yo todo, completito, estuviera hecho de esa viscosa materia de la que se compone la tristeza.
¿Y la soledad?
Uf.

¿Storni viene de «storm»? Debería.


La poesía siempre ha sido algo a lo que me acerco con reservas. Y no porque no me guste, me aburra, me pase de largo o me entre por una oreja y salga por la otra lo que, en mi caso, sería muy extraño.
Me causa una sensación muy fuerte, que adoro y a la que soy adicto. Por eso la miro con desconfianza. No dejo a cualquier poeta entrar a esa lista corta de los que frecuento. León Felipe, Pessoa, Vallejo, Whitman, Paz y ahora: Storni.
Fue un hallazgo. Acá en Puebla hay una librería que se llama “ De los ángeles”, para variar. Y de verdad es angelical por lo generosa. Los libros son, en su mayoría, saldos de librerías grandes y por muy buenos precios puedes encontrar maravillas baratísimas que pasaron desapercibidas por el ciclo de los lectores de best sellers.
Alfonsina Storni. Sí, es aquella de la canción Alfonsina y el mar. Su historia es trágica y bella, tormentosa. Termina, ¿ o comienza?, con ella tomando la decisión de dejarse morir en el mar. Simplemente, una noche, comienza a caminar hacia la playa, toca el agua con los pies y sigue caminando sintiendo, probablemente, el más exquisito de los fríos resguardar su piel poco a poco. Y camina, lenta pero inexorable, hacia el interior. El agua la cubre y ella, solita, con los grandes ojos abiertos e irritados por la sal, respira por última vez. Aquí me cito a mí mismo:

dicen que los ahogados se llenan los pulmones en la última inhalación con el agua salada.
Como a propósito.
Y dicen que les sabe a viento.

El caso es que el apellido le viene perfecto por aquello de la tormenta.

No he terminado de digerir el libro pero estoy seguro de que me acompañará toda la vida. Hay un poema en particular, El León, de un libro que se llama Languidez, que me dejó profundamente alterado. Cada vez que lo leo en voz alta, al llegar a las últimas dos estrofas, se me casca la voz. Me alcanza las sílabas el llanto y apenas puedo, con un gran esfuerzo, terminar en un suspiro.

El poema habla de un león que, tras los barrotes, derrotado, con todo el dolor de un destino frustrado a cuestas, languidece en un zoológico de ciudad. Cito:

No cede. Bien lo sabes. Diez veces en un día
Tu cuerpo contra el hierro carcelario se fue:
Diez veces contra el hierro fue inútil tu porfía.
Tus ojos, muy lejanos, hoy dicen: ¿para qué?

es un poema doloroso que habla de la frustración del encierro, de cómo en ese encierro a veces hay esperanzas breves y fugaces que lo único que provocan, a la larga, es incrementar la frustración. Y el martirio de saberse perdido que, afortunadamente, no encaja en el cerebro de ese león. Cito otra vez:

Los hijos que te nazcan, bestia caída y triste,
De la leona esclava que por hembra te dan,
Sufrirán en tu carne lo mismo que sufriste,
Pero garras y dientes más débiles tendrán.

Es tristísimo. o por lo menos eso me parece, claro. Me duele ese dolor del león que no se sabe perdido pero lo está irremediablemente. Y me duele más aún el de esa mujer que escribe luego:

Y sobre tu salvaje melena enmarañada
Mi cuello delicado sintió la tentación
De abandonarse al tuyo, yo como tú cansada
De otra jaula más vasta que la tuya, león.

Uy. Esa es la parte en la que lloro. Es cuando se me erizan las cuerdas vocales y me estremezco. Sobre todo cuando entiendo la profecía de esas palabras dichas por una persona que luego se entregará a las fauces de otro león más salvaje: el mar.

Me encanta el poema. Le queda una estrofa más pero esa no la voy a poner aquí para que los que quieran seguirle en esta onda de la poesía, la lean. Lo que sí es que Alfonsina Storni, mi poeta tormenta, ha dejado un hueco en mí que todavía no sé cómo voy a llenar.

Hallazgo arqueológico en Cholula

Mala foto, lo sé. Pero no me distingo por eso precisamente. Aunque bueno, lo importante es contarles que acá, en Cholula, se pusieron a abrir las calles para arreglar el drenaje y dejarlas dizque bonitas pero se encontraron con unas ruinas. Hoy me detuve a preguntarle a los chavos que están limpiándolas, arqueólogos, supongo, y dicen que más o menos las datan alrededor del año 1300, o sea que sí son más bien viejitas.Me puse a virigüar y de acuerdo con el met museum Cholula fue conquistada por los Toltecas en el 1250 y en 1300 ahí se origina toda una escuela de pintura que utiliza colores vívidos y que se usará después en toda la región central de México. La gran pirámide de Cholula, dedicada a Quetzalcoatl, la serpiente emplumada, es de alrededor del año 100 ac y fue construida, se cree, por los Olmecas. En todo caso, lo divertido es que ahora quién sabe qué van a hacer con la calle, jeje.

de nuevo acá. acá de nuevo


Pues nada, parece que a veces el tiempo se alarga y dejo de escribir , y bueno, la idea de tener este blog es mantenerme agitando los dedos encima de la máquina con un objetivo que va más allá de las palabrejas publicitarias esas que a veces tan anestesiado me dejan.
Y claro, pasa el tiempo. Pasan las dejadeces y las evasiones. Pero ya estoy de regreso y creo que la excusa es buena: se trata de una página que tiene una buena recopilación de palíndromos en inglés aquí mero
. Por lo que se ve, es un buen idioma para esto de las frases que van y vienen .
El recopilador es un cuate que se llama Jim Kalb. Lo encontré, por supuesto, en boing boing

restaurante palindromico


Tenía que llamarse «Anita lava la tina». Es un restaurante en Bogotá cuyo menú está plagado de palíndromos, esas frases que se leen al derecho y al revés igual. Hay en este blog un post que se llama «Y tápate tu teta Paty», otro palindromo, que vale la pena leer si te llama la atención esto de los juegos de palabras.

Lo dell restaurante lo encontré en verbalia, un lugar que se denomina a sí mismo el país de los verbíboros es un lugar que frecuento mucho y que sin falta me entretiene.