¿Storni viene de “storm”? Debería.


La poesía siempre ha sido algo a lo que me acerco con reservas. Y no porque no me guste, me aburra, me pase de largo o me entre por una oreja y salga por la otra lo que, en mi caso, sería muy extraño.
Me causa una sensación muy fuerte, que adoro y a la que soy adicto. Por eso la miro con desconfianza. No dejo a cualquier poeta entrar a esa lista corta de los que frecuento. León Felipe, Pessoa, Vallejo, Whitman, Paz y ahora: Storni.
Fue un hallazgo. Acá en Puebla hay una librería que se llama “ De los ángeles”, para variar. Y de verdad es angelical por lo generosa. Los libros son, en su mayoría, saldos de librerías grandes y por muy buenos precios puedes encontrar maravillas baratísimas que pasaron desapercibidas por el ciclo de los lectores de best sellers.
Alfonsina Storni. Sí, es aquella de la canción Alfonsina y el mar. Su historia es trágica y bella, tormentosa. Termina, ¿ o comienza?, con ella tomando la decisión de dejarse morir en el mar. Simplemente, una noche, comienza a caminar hacia la playa, toca el agua con los pies y sigue caminando sintiendo, probablemente, el más exquisito de los fríos resguardar su piel poco a poco. Y camina, lenta pero inexorable, hacia el interior. El agua la cubre y ella, solita, con los grandes ojos abiertos e irritados por la sal, respira por última vez. Aquí me cito a mí mismo:

dicen que los ahogados se llenan los pulmones en la última inhalación con el agua salada.
Como a propósito.
Y dicen que les sabe a viento.

El caso es que el apellido le viene perfecto por aquello de la tormenta.

No he terminado de digerir el libro pero estoy seguro de que me acompañará toda la vida. Hay un poema en particular, El León, de un libro que se llama Languidez, que me dejó profundamente alterado. Cada vez que lo leo en voz alta, al llegar a las últimas dos estrofas, se me casca la voz. Me alcanza las sílabas el llanto y apenas puedo, con un gran esfuerzo, terminar en un suspiro.

El poema habla de un león que, tras los barrotes, derrotado, con todo el dolor de un destino frustrado a cuestas, languidece en un zoológico de ciudad. Cito:

No cede. Bien lo sabes. Diez veces en un día
Tu cuerpo contra el hierro carcelario se fue:
Diez veces contra el hierro fue inútil tu porfía.
Tus ojos, muy lejanos, hoy dicen: ¿para qué?

es un poema doloroso que habla de la frustración del encierro, de cómo en ese encierro a veces hay esperanzas breves y fugaces que lo único que provocan, a la larga, es incrementar la frustración. Y el martirio de saberse perdido que, afortunadamente, no encaja en el cerebro de ese león. Cito otra vez:

Los hijos que te nazcan, bestia caída y triste,
De la leona esclava que por hembra te dan,
Sufrirán en tu carne lo mismo que sufriste,
Pero garras y dientes más débiles tendrán.

Es tristísimo. o por lo menos eso me parece, claro. Me duele ese dolor del león que no se sabe perdido pero lo está irremediablemente. Y me duele más aún el de esa mujer que escribe luego:

Y sobre tu salvaje melena enmarañada
Mi cuello delicado sintió la tentación
De abandonarse al tuyo, yo como tú cansada
De otra jaula más vasta que la tuya, león.

Uy. Esa es la parte en la que lloro. Es cuando se me erizan las cuerdas vocales y me estremezco. Sobre todo cuando entiendo la profecía de esas palabras dichas por una persona que luego se entregará a las fauces de otro león más salvaje: el mar.

Me encanta el poema. Le queda una estrofa más pero esa no la voy a poner aquí para que los que quieran seguirle en esta onda de la poesía, la lean. Lo que sí es que Alfonsina Storni, mi poeta tormenta, ha dejado un hueco en mí que todavía no sé cómo voy a llenar.

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