La leona blanca muerde en suecia.


Una fascinante novela policíaca de Henning Mankell y su detective Kurt Wallander. Es una de las grandes sorpresas y hallazgos de este año para mí. Ya había leído otra de él: El cerebro de Kennedy, que sucede en distintos lugares del mundo y es, más que una policiaca, una historia de dolor social y de una mujer sola, muy muy sola.
Esta novela me abrió los ojos a una literatura con la que no estaba familiarizado. Aunque ya había leído varias de las historias policiacas escritas a cuatro manos por un matrimonio sueco ( Maj Sjöwall y Per Wahlöö) que dejaron de publicar cuando murió él. Sin embargo las novelas de Mankell me parecen aún más interesantes pues además de hablar de la fascinante personalidad nórdica, se concentran en mostrar las debilidades del sistema y los contrastes con otros mundos, especialmente el africano. No es casualidad pues como acaban de publicar en babelia, el suplemento cultural de El País, Mankell vive seis meses al año en suecia y los otros seis en Mozambique, específicamente en la capital, MAputo, donde dirige un teatro. Por si feura poco, está casado con al hija del director de cine sueco Bergman, lo cual es ya una garantía de por sí.

La leona blanca trata de un supuesto atentado para matar a Mandela en sudáfrica y de un crímen, aparantemente sin sentido, en un pequeño pueblo sueco, Ystad. La preparación del atentado se lleva a cabo en suecia, porque es uno de los lugares más alejados de la cuna del apartheid y, por un error de un ex agente de la KGB, las cosas se complican y el inspector Wallander se ve involucrado. Se trata de un personaje muy interesante, pues además de satisfacer ampliamente el requisito de tener una personalidada solitaria y compleja ( lo que distingue a una gran mayoría de los investigadores de novelas policiacas) es una persona torturada por ese extraño ennui que nos afecta a los habitantes del nuevo siglo. Y sobre todo, Wallander es una persona como cualquier otra; no se trata del superdotado que ve conexiones donde nadie más puede descubrirlas, ni del astuto cazador que nunca pierde a su presa.

Gran lectura.

You may also like...

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *