El teatro. Porque la vida es un escenario, ¿verdad?


Hugo Hiriart es un nombre que he escuchado muchas veces, específicamente relacionado con el teatro en México. La verdad, he leído poco de él. Hace muchos años cayó en mis manos un libro: “Disertación sobre las telarañas”, que es la recopilación de una serie de artículos escritos por él. Me gustó mucho en ese entonces por su manejo del idioma y por sus ideas. Es notorio que se trata de un discípulo del gran escritor mexicano Alfonso Reyes, el de Monterrey.
El caso es que ayer tenía que ir a una reunión lejos y con eso de la lluvia, pues no me animé a ir en la bici. Metro fue la elección. Cuando llegué a la estación me di cuenta de que no llevaba qué leer y a esa hora el periódico ya había pasado por mis manos así que me metí a una librería a encontrar algo económico para tener con qué entretenerme. Me decidí por “La torre del caimán y Rosete se pronuncia de Hiriart. No me di cuenta de que se trataba de un par de obras de teatro escritas para ser escenificadas con títeres. Tal vez si lo hubiera sabido, no lo compro. Pero mi sorpresa fue grande y grata. De ida me leí una de las obras y de regreso de la reunión la otra. La verdad es que el teatro leído nunca ha sido mi fascinación. Como que me parece más algo que de verdad existe cuando se escenifica. Claro que tampoco voy mucho al teatro, je je.
Pero en fin, leí teatro y me encantó. Antes que nada debo aclarar que la edición es muy bonita. La portada increíble. La editorial es Almadía, la misma de otro libro que ya reseñé acá y que me encantó: El ladrón de sueños. Un detalle genial es que en la solapa posterior tiene un separador que puedes recortar y usar. Ya saben, desprenda por la línea punteada y listo.
La primera obra en el libro de Hiriart, la de Rosete se pronuncia ( título que me hizo pensar demasiado y, sobre todo al terminar, en la fabulosa novela de Tabucci: Sostiene Pereira) es muy breve y divertida. Trata sobre el destino y lo inevitable que es a pesar de que tratemos de huir de él. Es sobre un agente secreto que se niega a acudir a una misión peligrosa pero que, cada vez que se aleja de ella, se acerca más. La segunda pieza es mucho más particular. La torre del caimán está escrita en verso a la manera de los corridos. Y se supone que se trata de una obra que debe representar un cantante de corridos ebrio, la mitad cantada uy la mitad hablada. Me divertí mucho. Es, además, una deliciosa fantasía de magia, historias y fantasía a la manera de las mil y una noches. Con torres dentro de torres y paisajes dentro de paisajes. El caso es que descubrí que de pronto leer teatro puede ser una alternativa interesante. Gracias Hiriart.

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