A bailar se ha dicho. Pero leyendo.


Hay bailes que son intensos, profundos y dicen mucho. Hay otros que son, simplemente, divertimentos. Este es uno de ellos.
No pude resistir la tentación de comprar este libro ( La bailarina y el inglés, de Emilio Calderón) en mi último viaje a Colombia ( no sé si se los he dicho pero, en mi experiencia, los libros son un poco más baratos allá y cuando voy compro esos ejemplares que en México siempre están muy caros porque son comerciales, como los de los premios planeta). Mucha gente que respeto y en la que creo dice que los premios planeta son literatura comercial y de fórmulas. Puede ser que haya mucha verdad en ello. Pero yo he leído algunos de esos libros que me han encantado. Claro que no son el hombre sin atributos de Musil o las batallas en el desierto de Pacheco, pero por lo menos me escapo un rato de la cotidianidad y vivo una aventura divertida, que es de lo que se trata la lectura en muchas ocasiones. Por lo menos para mí. Esta novela es muy ligera pero entretenida. Se trata de un inglés nacido en la India que vive esos años de la segunda guerra mundial previos a la caída del imperio británico en ese lugar y a la partición de la India en dos para formar Pakistán. Es un momento histórico fascinante ( leer los hijos de la medianoche de Salman Rushdie). Se trata de una novela de equívocos que en ciertos momentos me recordó el ambiente de alguna de las novelas de Graham Greene como nuestro hombre en la Habana o los mares del sur de Simenón. Todas las distancias guardadas, claro. Es una especie de novela policiaca en la que el personaje central vive situaciones absurdas que lo ponen contra la espada y la pared. Interesante. Muy recomendable como lectura de un verano que ya pasó. ¿A lo mejor en las vacaciones que vienen?

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