tristeza

Hay veces en que la tristeza se quiere apoderar de mí y se va metiendo, en silencio, por todos los poros de mi piel como una especie de sudor en reversa. No la noto, hasta que ya está completamente instalada y no me queda otra opción más que rendirme a ella y dejar que se proclame dueña, soberana de mi cuerpo, de las sensaciones, de los gestos y hasta del más pequeño e ínfimo de mis movimientos.
Es como si yo todo, completito, estuviera hecho de esa viscosa materia de la que se compone la tristeza.
¿Y la soledad?
Uf.

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