cada vez

que comienzo a escribir algo sucede que mis dedos se rebelan para tomar control de sí mismos y de pronto ya no tengo nada que hacer más que seguirle la corriente a las letras que se suceden una tras otra como el tráfico en el circuito interior, Ciudad de México, siete de la noche, viernes, y quincena. Son las peores condiciones pero las únicas posibles. Siempre ocurre así.

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