Los ríos de oro. La conquista y el imperio. ¿Por qué no me sorprende?


Ya terminé Rivers of Gold, la obra del historiador inglés Hugh Thomas. Se trata, antes que nada, de un historiador muy reconocido del que ya he hablado antes. Tiene un libro de la Guerra Civil española en dos volúmenes que se ganó el premio Pulitzer. Esa la leí y pude entender un poco mejor el merequetengue que provocó ese conflicto. Un poco solamente porque, la verdad, fue una época en la historia de España donde hubo cientos de actores pensando, diciendo y haciendo cientos de cosas diferentes. También me enteré que la ciudad donde se experimentaron muchas cosas que luego se implementarían en la segunda guerra mundial, como los bombardeos a ciudades, fue Madrid. Thomas también escribió un libro maravilloso que, en mi humilde opinión, debería ser libro de texto obligado en las escuelas mexicanas: La conquista de México. Cuando lo leí entendí mucho mejor ese pedazo de nuestra historia ( lástima que el virreinato esté tan olvidado y oculto, ¿alguien me puede recomendar dónde leer algo bueno referente a ese periodo?). Entendí que la conquista fue producto de varios malentendidos pero, sobre todo, de traiciones. Tanto entre los españoles como entre los aztecas, los tlaxcaltecas, los tarascos y todos ellos.

Poco a poco, sin haber leído nada al respecto, me enteré de que la conquista del perú y la caída de los incas fue muy parecida. No sólo porque se trató de una traición y de unos cuantos españoles, en realidad sólo un puñado, que acabaron con un imperio al igual que Cortés y sus secuaces. También en el Perú, como acá, los españoles estuvieron a punto de ser exterminados y la historia hubiera sido, probablemente, muy distinta. Pero en ambos casos los indígenas dudaron y eso permitió que las cosas ocurrieran como todos sabemos.
El libro de Rivers of Gold es la visión del germen del imperio español desde lo que ocurrió allá. Abarca desde el momento en que Colón convence a la reina Isabel para que lo apoye hasta cuando Magallanes y Elcano le dan la vuelta al mundo. Es muy interesante ver lo que ocurría allá, que era mucho. Y así uno se da cuenta de que muchas cosas de las que ocurrieron de este lado del mundo pasaban porque allá no les interesaba demasiado lo que sucedía. Tenían demasiados problemas que resolver. Es una historia fascinante. Fernando el católico. Su hija loca. El hijo que se le muere, su segunda esposa y el nieto, Carlos, que terminará dándole su nombre a unos ricos chocolates. Je.
Muy recomendable para los que les guste la historia. No es una novela, aclaro, pero se lee como si lo fuera. Y, por cierto, en el título del post me preguntaba a mí mismo por qué no me sorprendía esta historia. La respuesta es que no me sorprende porque es totalmente congruente con lo que somos. Cuando ves que los españoles se la pasaban dándose la espalda unos a otros por el oro después de haber sido, supuestamente, grandes amigos, te das cuenta de dónde viene nuestra propensión a pensar que el que no tranza, no avanza.
Y me queda pendiente leer también sobre la conquista del Perú. Eso me falta. Nuevamente, ¿alguien puede recomendarme algo?

Tiza y gis. Una extraña historia.


Esta es una historia que me encantaría conocer:
Se trata de dos palabras que viajaron de un lado al otro del Océano Atlántico. Una vino y la otra se fue. Son Gis y Tiza.
Gis viene del latín gypsum, que quiere decir yeso. Y eso es lo que decimos en México para describir esos pequeños cilindros, generalmente blancos aunque hay de otros colores, que emplean los maestros para anotar en el pizarrón fórmulas matemáticas que sólo entienden unos cuantos, o las reglas de ortografía que, esas sí, muy pocos recuerdan. Así le decimos: Gis.

En el otro lado del mar, en España, también hay escuelas, y alumnos, y pupitres, y maestros y Tiza. Porque ellos le dicen así al Gis: Tiza.
¿Y de dónde viene la palabra Tiza? Pues del náhuatl Tizatl, que es como aún le dicen en esa lengua al Gis. Si checan el diccionario de la Real Academia verán que no miento.
¿Cómo pasó?, ¿en qué momento adoptamos esa palabra en México y nos olvidamos de la nuestra?, ¿cómo es que los españoles se llevaron la otra para allá? Tiene que ser una anécdota maravillosa.
Me encantaría saberlo.