La conquista del Amazonas y las amazonas.


Hace un par de posts les contaba acerca de un libro que estoy leyendo que es el de “Rivers of Gold” de Hugh Thomas, el historiador inglés. Parece ser que el tema se me ha convertido en una obsesión o que, por alguna extraña razón del destino que aún no alcanzo a descifrar, es necesario para mí leer acerca de la conquista para reconciliarme con algo. No lo sé. Lo que sí sé bien es que estoy gozando mucho con todos los libros que están cayendo en mis manos este principio de año.
El país de la canela, de William Ospina es el último que leí, mientras acabo el de los ríos de oro. Y lo curioso es que también se trata de un río: el más grande de todos. Esta es la novela, narrada por un hijo de español e indígena en tiempos de la conquista de Sudamérica, acerca del descubrimiento del Amazonas y del primer viaje a través de esa extensa, misteriosa, fascinante y peligrosísima extensión de agua. Me pareció delicioso. Y aterrador. La verdad es que la conquista, como me imagino que todas las guerras, estuvo llena de actos tremendos, crueles y casi que hasta sádicos. También de traiciones.
La conquista del Perú, tan similar a la de México, se narra como de pasada, pero uno puede adivinar que las masacres estuvieron de a peso. Y que la traición era la moneda de cambio. No sólo de los españoles a los habitantes de las tierras a las que acababan de llegar sino también entre ellos mismos. Es como si nadie pudiera ser leal a nadie. Ni siquiera a aquello en lo que creían cuando zarpaban para cruzar el mar.
En el viaje de Orellana por el Amazonas hubo muchos muertos, mucha sangre y muchas pequeñas tragedias. Lo que más me gustó de todo fue escuchar la voz de uno de esos hombres. Porque de pronto te das cuenta de que, también, ellos estaban aterrados y actuaban muchas veces sin siquiera pensar en lo que hacían. La narración es toda en primera persona, lo que te acerca mucho al personaje. Y es, en realidad, una advertencia que escribe el protagonista, cuando ya toda su vida ha pasado y se ha codeado con los Pizarro, con el mismo Orellana y hasta con los cardenales en Roma que escuchaban asombrados su historia pero sólo se preocupaban por saber cómo eran esas mujeres, las amazonas, que le dieron su nombre al río. La advertencia se la hace a un joven que, lleno de ambición, quiere también perderse en esa inmensa selva de la que nadie sale incólume, como del libro.

Bicicletas. Ecológicas y estilo origami.


Desde hace dos semanas estoy viviendo algo que nunca me imaginé aunque muchas veces había soñado con ello. No se trata de nada que me vaya a cambiar la vida, aunque uno nunca sabe las consecuencias que cualquier acto puede llegar a tener. ¿Qué pasó? Pues que me compré una brompton. La brompton es una bicicleta plegable inglesa que, de verdad, es una maravilla.
A mí siempre me han gustado las bicis aunque tampoco soy un gran fan del asunto. Por ejemplo, me gustan el Tour de Francia y el Giro, pero jamás los he seguido, y si me preguntan, a los únicos ciclistas que recuerdo es a los que son excesivamente famosos y aparecen en todas las revistas y conversaciones. Como el Armstrong ese de las pulseritas amarillas contra el cáncer, ya saben cuál. A muchos otros los “recuerdo” o más bien debería decir reconozco, cuando escucho o leo sus nombres. Más allá de eso no sé mucho. Bueno, claro que está la película esa de las trillizas de Belleville que, si no la han visto, deben hacerlo pues es de esas historias únicas y hechas de una manera también única.

Tuve mi bicicleta cuando era más joven ( sigo siéndolo, por lo menos en mi imaginación, claro). Era una magistroni de carreras. Verde. Nunca le puse un aditamento especial ni nada así. Mi relación con ella siempre fue meramente funcional. La usaba para ir a la escuela todos los días y ya. Yo estudiaba en Legaria, en una escuela junto a la casa de la moneda y vivía muy cerca, en Polanco. Todo es plano en esa zona así que la bici funcionaba perfecto. Alguna vez hice la locura de viajar hasta arboledas en ella y hasta Cuajimalpa. En ambas ocasiones, los eternos kilómetros y las aun más eternas subidas, se encargaron de castigar mi imprudencia y no volví a repetir esa locura. En una par de ocasiones tuve accidentes, nunca muy graves pero aprendí dos cosas. La primera es que siempre hay que fijarse al cruzar una calle y la segunda es que hay que tener mucho cuidado con los coches estacionados porque, en cualquier momento, se abre una puerta y para qué les cuento.
La magistroni desapareció de mi vida por causas extrañas de las que no tengo recuerdo así que no sé dónde terminó. Ahí acabó mi relación con las bicicletas hasta hace dos semanas. Bueno, un poco más porque hace unos meses comencé a trabajar en un proyecto muy interesante sobre un nuevo sistema de bicicletas que va a haber en la ciudad y que se llama ECOBICI ( ya lo puedo mencionar abiertamente porque ya salió a los medios.
El caso es que de pronto las bicicletas regresaron a mi vida y me dieron ganas de montarme en una para salir a dar vueltas y moverme por toda la ciudad en ella. No me gusta ir en el coche más que en carretera. Odio el tráfico y tener que dar vueltas y vueltas para encontrar estacionamiento así que la bici me pareció una buena manera de moverme (normalmente me transporto en metro, metrobús, caminando o, cuando tengo prisa, pues en taxi).
Yo ya conocía la brompton porque un amigo compró una hace varios años. La verdad, desde esa vez que la vi me quedé impresionado. Está hecha con una calidad impresionante, con una atención al detalle casi que obsesiva y con un diseño de verdad inteligente. Se dobla en unos cuantos segundos y la puedes llevar cargando a donde se te antoje. Le di unas cuantas vueltas a la idea de comprármela y finalmente me animé. Ahora tengo una y mi manera de moverme, de veras, ha dado un giro de 180 grados.
En la ciudad hay que ser muy cuidadoso al manejar en bici porque, como saben, en las calles hay un caos, una anarquía y un desastre total. Nadie respeta las señales, los semáforos o, incluso, el sentido de las calles. Todo mundo va molesto, de malas, nervioso y a la defensiva. Mucha gente es agresiva y, los que no, tan despistados que uno no sabe si van o vienen. En fin, todo un reto. Hay que tener los cinco sentidos puestos en lo que estás haciendo, aunque suene a cliché. Lo que me ha sorprendido es que la gente es menos peligrosa de lo que pensé y, en general, en la zona en que me muevo, uno puede ir tranquilo si se cuida. Ni siquiera los microbuses me echan lámina. Estoy azorado, por decirlo extrañamente. Je.

Bueno, los que estén considerando comprar una bici, denle una miradita a la brompton, es genial. ¿Cara? Pues sí, no es una bici cualquiera. Pero creo que en pocas ocasiones he comprado algo, lo que sea, que me de tan buen valor por mi dinero, para usar otro cliché. Ah. Y los que no estén pensando en tener su propia bici pero quieran experimentar cómo moverte en bici te puede cambiar la vida diaria y se transporten en la zona de la condesa, la juárez, la roma norte o la cuauhtémoc, estén pendientes porque ya viene ECOBICI. Ya luego les platico de eso.

Un hombre disoluto. En muchas palabras.


En España le decían hidalgo al “hijo de algo” es decir, aquella persona que heredaba unas tierras o un título nobiliario. De un origen similar es la palabra hideputa (que creo que no tengo que explicar mucho). El libro que terminé de leer anoche se llama Asuntos de un hidalgo disoluto (que de hidalgo y de hideputa tenía mucho). es una novela deliciosa. escrita por un colombiano que se llama Héctor Abad Faciolince. Es la biografía que un tal Gaspar Medina le dicta a su secretaria y que nos cuenta su historia. La de un hombre que nunca sucumbe a las pasiones, ni al alcohol, ni al sexo, ni a las drogas, ni a nada. Bueno, que no sucumbe es un decir. Él trata siempre de caer en las tentaciones para sentirse más humano pero no puede por más que lo intente. Me encantó. Se trata de un libro escrito con mucho cuidado. Con un lenguaje sofisticado pero a la vez, extremadamente divertido. Muy recomendable. Lo que más me gustó es la voz del protagonista que es tremendamente irónico, sarcástico y rezuma un humor negro muy muy oscuro. Como el del tal Larry David de “Curb your enthusiasm” ¿Lo conocen?
Lo leí como interludio ( o descanso, si se quiere) del otro que estoy casi terminando y que se llama Ríos de Oro, la historia del imperio español en la época entre Cristóbal Colón, el genovés que llegó a América y Magallanes, el otro gran navegante. Luego les cuento lo que me pareció ese libro. Antes tengo que terminarlo.

Sapos, científicos y un crimen de lujuria


Según el diccionario de la RAE, “bufo” es lo cómico que raya en grotesco y burdo. También es el personaje que hace el papel de gracioso en la ópera italiana. Pero además, bufo es la palabra en latín que se usa para definir a los sapos. Por eso los nombres de los animales que son de esa familia se llaman así: bufo periglenes, bufo boreas, bufo alvarius y muchas bufonadas más. No sé por qué los sapos son considerados chistosos o cuál sea la relación entre ambas palabras, pero en la novela Bufo & Spallanzani de Rubem Fonseca hay sapos, veneno de sapos y muchas situaciones que podrían ser consideradas grotescas. Chistosas no sé.
Spallanzani, por el contrario, fue un científico italiano precursor de pasteur que estudió varias cosas relacionadas con los microbios y fue el inventor de la inseminación artificial pues fue el que descubrió que para que un animal se reprodujera se necesitaba semen y un ovario.
Esta novela de Fonseca, en la que aparece brevemente un relato sobre el susodicho científico y muchas situaciones en las que hay reproducción entre humanos que parecen animales, me encantó, como todo lo que he leído de él. Fonseca es uno de los escritores más crudos y descarnados que he leído últimamente. Ahora que leo su biografía me doy cuenta de que toda su vida fue policía y entiendo muchas cosas. Se ve que tiene un palco privilegiado para observar de cerca lo peor y lo mejor del ser humano.
La novela trata sobre un asesinato piadoso y sobre un hombre, un escritor, que vive torturado por su pasado y se olvida de él perdiéndose en la lujuria. Entregado a ella. Dicen que las pasiones son la mejor forma de escapar de la razón, ese animal que nos tortura con su voz en el cerebro. La verdad es una novela deliciosa y la recomiendo mucho, mucho. Sobre todo porque el lenguaje y las situaciones, en esa ciudad de Río de Janeiro, parecen estar calcadas de una Ciuydad de México que pocas personas han descrito como él la describe. Otras novelas suyas que me gustaron: “Y de este Mundo Prostituto y Vano, Solo Quise un Cigarro en mi Mano”, “Mandrake, la Biblia y el bastón” y “Vastas Emociones y Pensamientos Imperfectos”. Por sus títulos lo conocereis.

La servilleta vendedora.

Bueno, pues además de que acá su servilleta sea un vendedor, pues me encontré con un documento muy interesante acerca de cómo hacer una presentación en una servilleta. La idea está enfocada a vender un concepto de negocio de manera breve, poderosa y convincente.
Creo que, como leí en el blog del Wall Street Journal donde encontré esta referencia, que han habido ideas muy importantes que se han vendido así, como la línea aérea Southwest o la computadora Compaq. También recuerdo que aquel personaje que se usó para vender seven up ( fido dido, ¿recuerdan?) también se hizo originalmente en una de esas servilletas de papel.
Lo interesante me parece la manera en que se resumen los elementos clave que debe tener una presentación convincente. Me parece que mucho de esto se puede aplicar a las presentaciones de powerpoint o keynote que hacemos los publicistas casi diariamente, ¿o no?