Leve, leve, muito leve


La literatura y la facilidad en que se convierte en una obsesión. Ese es tal vez el tema central de la novela de Vila Matas que acabo de leer: “El mal de Montano”, premio Herralde de novela en el 2002. Y nunca mejor expersado como con las palabras del poeta portugués Fernando Pessoa: la literatura, tanta angustia acerca de nada. (o algo así, claro, mi memoria no es tan fidedigna).

Me pareció fascinante la manera en que la realidad del narrador, la del mismo escritor y la de los personajes que crea, emplea o le copia a la vida, se entrecruzan en una especie de relato, novela y diario que me atrapó desde el principio. Con topos que conspiran contra la literatura desde el interior del crater de un volcán perdido en una isla de las Azores, un famoso actor húngaro que es la persona más fea del mundo y un crítico literario que en realidad es escritor pero vive obsesionado por dejar de estar obsesionado por la litearura. La novela o como se llame, está plagada de referencias literarias, es como un “mashup” de palabras y letras y frases de otros que adquieren nuevos sentidos cuando las descubres y cuando no ( que en mi caso fue en la mayoría de las ocasiones), son una tentación de leer a nuevos autores para regresar a reconocerlos acá. Parecido a lo que encontré también en: “la vida y opiniones de Tristram Shandy, caballero” de Laurence Strene y que me parece una vedadera joya de la que habría que hablar más.

A Vila Matas le debo haber descubierto a ese autor después de leer “la conspiración Shandy” y también le debo el gusto de conocer a Robert Musil y su “Hombre sin atributos”. Por lo menos ahora ya sé a qué lugar del planeta corresponde Kakania.

Lo que más me gustó fue descubrir, entretejida en el texto, una de mis poesías favoritas de Pessoa, en su personaje de Alberto Caeiro. La cito:

Leve, leve, muito leve, Um vento muito leve passa, E vai-se, sempre muito leve. E eu não sei o que penso Nem procuro sabê-lo.

El conquistado y su tristeza.

El libro es: “Yo Moctezuma, emperador de los aztecas”, del historiador inglés Hugh Thomas. Después de devorar su “Conquista de México” que fue la primera vez en que comprendí, un poco, lo que había ocurrido en esa trágica caída del imperio mexica, ahora me hizo enfrentarme al personaje del derrotado. A ese hombre que muchos califican de pusilánime ( y hasta leí hace poco, no sé dónde, que se le consideraba homosexual y que le había entregado el imperio a Cortés porque estaba enamorado de él). Es muy interesante ver las cosas desde su óptica. Me gustaron las descripciones de lo que los españoles hacían, de Malinche ( que es como le decían a Cortés, no a su traductora, Malinalli), de las armas y las costumbres que a él le parecían tan extrañas como la religión.
Es chistosa su perspectiva. Dice que los españoles tenían un solo dios ( como el dador de vida de Nezahualcóyotl) y se describían a sí mismos como monoteístas, pero en realidad adoraban a su madre también y sobre todo al hijo. Pero que se trataba de politeístas pues tenían infinidad de dioses que se llaman santos. Pero lo que más me impresionó es esa verdad: que adoraban más que nada a una diosa que se llama: Fortuna, que es la más importante. Por eso los califica de hipócritas.
Es muy duro darse cuenta de que todo en esa conquista comenzó con un malentendido y una traición. Al fin y al cabo es lo que hicieron los conquistadores, traicionar, pues fueron recibidos por Moctezuma ( moctehcuzoma) en su propia casa, y sin rencores. Los alojó en el palacio de su padre y se fue a vivir con ellos para conocerlos mejor. Les dio oro y regalos para eu después ellos lo traicionaran.
Ahora estoy leyendo una novela de un escritor de policiacas que se llama Gaston Leroux ( muy famosos por el fantasma de la ópera), la novela se llama “la esposa del sol” y está ubicada en el Perú. También ahí se habla mucho de la conquista y de cómo Pizarro fue recibido por Atahualpa de una manera similar a cómo Moctezuma recibió a Cortés. Le abrió las puertas y recibió a un puñado de conquistadores en su palacio para entonces ser secuestrado por ellos y traicionado también.
¿tendrá que ver sto con como somos hoy?
Estoy releyendo el laberinto de la soledad de Octavio Paz y él habla de este ser “cerrado” de los mexicanos donde lo peor que puede ocurrirte es “rajarte”, dejar que haya un resquicio por donde entren los demás. ¿será que es algo que aprendimos entonces?
Lo que sí sé es quer, a medida que conozco más de ese momento de nuestra historia, ya no de mexicanos sino de americanos, de mestizos, más me avergüenza esa parte española. Pero tampoco vale la pena clavarse mucho en eso porque, quieras o no, eso somos. Tenemos que vivir con ello.
Muy recomendable el libro.